sábado, 31 de mayo de 2014

ESTO NO ES PARIS

Diana parece perderse en medio de la multitud. Todas las personas caminan a paso rápido mientras hablan por celular; otras, se desplazan entre la gente con algún expreso de Starbucks en la mano. Los claxon suenan, los rascacielos están inundados de propagandas de todo tipo de productos. Hay jóvenes con extraños atuendos repartiendo volantes a diestra y siniestra. La gente sigue adelante con sus miradas fijas en el suelo, preocupados cada uno de sus propios asuntos y aquellos que andan despacio parecen ser arrastrados por los que tienen afán. Su nuevo trabajo no queda lejos de casa. Tal vez a unos quince minutos caminando, sin embargo, va tarde. Espera impaciente el eterno semáforo. Rojo. Verde. Diana corre tratando de abrirse paso entre las personas. Choca con alguien y siente algo caliente en su pierna. Pero no tiene tiempo, se gira y grita un “lo siento” y sigue corriendo hasta un edificio moderno, con grandes ventanales a lado y lado y cubierto de enredaderas. Las personas entran y salen como hormigas, se saludan con una pequeña reverencia y siguen su camino. En el interior todo el ambiente es cálido, luces amarillas, paredes de ladrillos, mesas de madera, puertas pesadas de vidrio grueso. Sube las escaleras hasta el tercer piso, cruza varias mesas con personas reunidas arreglando proyectos y tableros gigantes con algunos recortes de decoraciones hoteleras. Entra en un gran espacio con más mesas y más personas discutiendo y escribiendo en sus computadoras. Al fondo, una oficina con una puerta grande de madera y en un rincón, una secretaria la mira con atención.

 - Buenos días – le dice la secretaria - ¿le puedo ayudar en algo?
 - Sí. Soy la empleada nueva – le responde.
- ¡Ah! Si, espere un momento por favor.

 La chica coge el teléfono, marca un número, habla unos segundos y la hace seguir. Diana entra un poco tímida por el retraso. En la oficina principal, un hombre bajo y moreno habla por celular de frente a la ventana. Diana mira su pierna y encuentra una gran mancha de café en su falda roja. “mierda”, piensa e intenta tapar aquella mancha con su bolso. El hombre cuelga y la mira sonriente. Tiene un rostro amable y su peinado está un poco pasado de moda.

 - Ah! Usted debe ser Diana! Bienvenida. Sígame por favor. Mi nombre es Kim Sangwoo y soy el jefe de esta sección. El ingeniero Lee me habló muy bien de usted, espero grandes cosas.
 - Si, espero que en el futuro usted tenga las mismas expectativas que el ingeniero Lee tiene sobre mí

  Diana le sonríe. El jefe kim la observa detenidamente y parece contento. Ambos salen de la oficina y se detienen en el lobby principal abarrotado de mesas y personas. Todos la observan con curiosidad y susurran entre ellos. No es común ver a una extranjera trabajando en una oficina coreana.

 - Preséntese por favor – le dice mientras señala a sus empleados - Mi nombre es Diana. Vengo de Colombia y hace poco llegué a Corea. Haré lo mejor que pueda. Y finaliza con una reverencia. Todos aplauden y dicen al unísono “bienvenida”. El jefe kim le indica su nuevo puesto de trabajo. Diana se acerca, prende el computador y angustiada, sale en busca de un baño.

 La mancha es terrible, de haber puesto atención al camino la noche anterior no se hubiera perdido. Coge un poco de papel higiénico, lo humedece con agua e intenta limpiarse un poco. Una chica de cabello corto y rostro delicado entra al baño y le extiende un pañuelo. Diana la observa y le sonríe.

 - Gracias
 - Todos tenemos un mal día – le dice la chica con un tono amable.
 - Es verdad. Pero no esperaba que fuera el primero.
 La chica se ríe cubriendo un poco los dientes con su mano.
 - habla usted muy bien el coreano. ¿ha vivido mucho tiempo aquí?
 - No. Es la primera vez que vengo a Corea pero lo estudio hace algún tiempo.
 - ¡Increíble! Mi nombre es Yuri Lim. De ahora en adelante seré tu sumbae. Si necesitas alguna ayuda no dudes en decirme por favor.
 - ¡Muchas gracias! ¡Qué chica tan agradable y bonita! Piensa Diana y le regala una sonrisa.

Antes de salir, Yuri se detiene ante la entrada como recordando algo y regresa hacia ella

- Oye… ¿Esta noche tienes algún compromiso?
 - No ¿por qué? ¿Pasó algo?
- No, nada de eso. Mis compañeros y yo vamos a ir esta noche a un pequeño restaurante cerca de aquí y nos pareció que deberías ir para celebrar tu primer día de trabajo – dice Yuri con un poco de picardía
- ¿una cena? ¿en serio? No, no. Está bien, mi intención no es incomodarlos.
 - No es ningún problema. Es una costumbre de nosotros. ¿irá, verdad?

 Diana no está muy segura, pero acepta encantada. Yuri se ríe y se organiza un poco el cabello ante el espejo.

 - Entonces, nos vemos a la salida ¿si?
 - ¡Claro!

 Ya entrada la noche, Diana se reúne con Yuri y caminan juntas hasta un pequeño puesto de comida callejera cerca del trabajo. Es una carpa grande y modesta de color rojo con ocho mesitas metálicas y varias sillas plásticas esparcidas aquí y allá. Una mujer de edad prepara osam bulgogi y algunos odeng mientras que una chica más joven lleva algunas botellas de soju a las mesas. Todos los puestos están ocupados por asalariados que buscan relajarse al final del día, y a pesar del frío nocturno, el sonido de sus risas y las copas que chocan en el aire, parecen actuar como un calefactor natural. Al fondo del local, Diana distingue a algunos compañeros de trabajo que se ríen mientras se pasan algunas copas de soju. En la mesa hay unas porciones de kimchi , samgyeopsal y tteokbokki ya empezadas. Yuri se detiene en frente de todos y, como si nos conociéramos desde hace mucho tiempo, nos dan la bienvenida



Diana da una pequeña reverencia y los saluda a todos. Un chico levanta un par de maletas y se sientan juntas en el extremo de la mesa. Hablan un poco y se ríen. La presión del nuevo día de trabajo desaparece. Yuri le presenta algunos compañeros. Todos le hacen algunas preguntas de rigor sobre su país, que opina del suyo, cómo aprendió coreano y Diana les responde lo mejor que puede. Encima de la mesa, todos los platos crispan humeantes. Ella los observa con un poco de temor. Ha escuchado lo picante que es la comida coreana, su lengua se humedece y tiembla un poco. El picante nunca ha sido su fuerte, pero tendrá que acostumbrarse.

 - ¡señora! – la chica joven viene de inmediato – dame una botella grande de agua… no, mejor dos.
 Todos la observan y se ríen.
 - ¿no te gusta el picante? – le pregunta Yuri divertida mientras se lleva un pedazo rojo de kimchi a la boca. - Realmente, no. Soy un poco cobarde.
- ¡qué mal! No comas, si no quieres
- No, no. Quiero comer. Viviré aquí por algún tiempo así que tengo que acostumbrarme.
 - ¡Eh, Maknae ! – grita un chico de cejas tupidas y un poco bajo a Diana- ¡tienes que beber y comer hoy hasta morir!
- ¡Calla, ji hoon! – le grita Yuri – debes darle tiempo para que se adapte

 La joven llega poco después con las dos botellas de agua y las deja sobre la mesa. Diana se arma de valor y abre una de ellas. Todos paran de comer y la observan. Diana agarra un poco de kimchi con los palillos y sin pensar en nada se lo mete a la boca. El repollo cruje en su boca. Al poco tiempo una onda de calor se expande desde su estómago hasta su boca y sus ojos se vuelven llorosos. Su lengua se retorcija y comienza a dolerle. De inmediato agarra una botella de agua y la bebe con avidez. Todos se ríen divertidos. Después de un tiempo, entre comida y comida y varias botellas de soju, hablan del trabajo, de los proyectos, del estilo del jefe Kim. Diana bebe tanto que no puede distinguir nada. El soju es tan suave que no tiene el sentido de la proporción y comienza a sentirse mareada. Al terminar de comer, una parte del grupo decide irse al norebang, pero Yuri y ella deciden volver a casa. Todos se despiden felices y dividen el camino.

 - Me da mucha felicidad conocerte – le dice Yuri con su sonrisa radiante – siempre quise conocer a una latina y bailar salsa como muestran en la televisión. Pero ya ves que soy demasiado enclenque.
 - ¿qué? ¡pero si eres muy linda! Si quieres bailar salsa ven a mi casa y te enseño
- ¿hablas en serio?
 - Muy en serio
 - ¡Eres un amor! – Y Yuri abraza a Diana quien la contempla un rato y estalla en risa.
 - ¡Tu cara está tan roja! – se burla. Yuri cubre sus cachetes con la palma de sus manos.
 - ¡¿En serio?! – y su cara se ruboriza más de la vergüenza
 - Tengo la cara tan caliente, parecemos dos tomates asados.

Y ambas estallan en risa, avanzando en zig-zag por la calle, arrastrando sus carteras y apestando a alcohol.

 - Ahora tomo un taxi hacia la estación. ¿te queda cerca? – le dice Yuri.
 - No, gracias. Mi casa queda muy cerca de aquí. Cuídate mucho.
 - ¿estarás bien sola?
 - Vamos que no estoy borracha
 - Llámame cuando llegues a casa
 - Te lo prometo

 Yuri toma un taxi a toda prisa, su cara se mantiene sonriente y se despide hasta que el taxi arranca a toda velocidad. Está en casa. Todo está en silencio. Diana abre la ventana y prende un cigarrillo. Sólo fuma cuando se siente mal o cuando está muy feliz. No hay intermedios. Entonces piensa ¿por qué estoy aquí? Respira hondo tratando de curar el mareo del alcohol. Es verdad. Maldito idiota. Abre de nuevo su celular, pero no hay mensajes. ¿qué es esto? ¿ni una llamada? ¿ni un solo mensaje? Respira hondo de nuevo y estrella el cigarrillo contra el marco de la ventana. Alcohol y tristeza no son buena compañía. Abre de nuevo el móvil con la intención de llamarlo, pero en la acción, su mano tiembla un poco. No quiere ser la primera en buscarlo, si en verdad desea verla tendrá que llamar algún día ¿no? Diana se siente frustrada. Los motivos por los cuales ha ido a Corea cada vez son más difusos. Parece que para él, una relación de seis años no vale nada. Diana siente un fuerte impulso de arrojar su celular lejos de allí, en donde no pueda ver aquél número de nuevo. Las lágrimas comienzan a manar de sus ojos. Y en ese instante, entra una llamada. Miguel. Ella queda viendo su número en la pantalla como una ilusión. Ya ha sonado tres veces y como respuesta desesperada, contesta a la cuarta. Todo silencio.

 - Hola – dice ella tan seria como puede serlo.
 - Que tal – le dice él.
No, no es una ilusión
 – ¿estás llorando?
 - No, sólo tengo un poco de gripe
 - ¿ya estas mejor?
 - Claro.
- Cuándo llegaste?
 - Ya no importa.
 - ¿estás enojada?
 - ¿debería estarlo?

 El chico tarda en decir algo. Parece estar pensando en algo al otro lado de la línea.

 - Cariño, he estado muy ocupado con el trabajo. Pero no dejo de pensar en ti. ¿sabes cuántas veces te he pensado hoy? Más de veinte y…
- No parece que me hayas pensado mucho si me llamas dos días después de llegar
 - Cariño, no pienses así. Tenía todo preparado para ir a recibirte al aeropuerto pero estoy ocupado con mi trabajo. ¿podrías entenderme? Mejor tarde que nunca
- Miguel. No quiero hablar contigo ahora. Llama más tarde si quieres.

 Hubo un silencio en la otra línea. Y el sonido de los segundos siendo consumidos por su respiración pausada.
 - Tienes razón. Perdóname. Prometo que no volverá a suceder. ¿ha empezado tu trabajo, no? ¿Cómo te fue?
Diana suspira profundo. No quiere empezar una nueva pelea y decide perdonarlo.
 - Es un buen lugar. Mucho mejor de lo que esperaba. Mis compañeros de trabajo son agradables.
 - Te extrañé – dice de repente Miguel desde la otra línea.

El cuerpo de Diana tiembla un poco. El mareo desaparece de repente y el aire fresco comienza a circular de nuevo en sus pulmones. “¿te extrañé?” si tanto la extrañaba ¿por qué no fue al aeropuerto a recibirla?, ¿por qué no la llamó?”… Siente un nudo en la garganta pero quiere verlo. Todos sus pensamientos amargos parecen esfumarse con aquellas palabras “Te extraño” y el motivo para venir a aquél país cobra sentido.

 - Yo también – responde ella. Lo dice de corazón.
 - ¿tienes algún día libre?
 - Si.. ehm… el viernes por la noche está bien
 - Perfecto. Te enviaré la dirección por un mensaje. Nos vemos… amor.

 Ella cuelga primero y contempla el paisaje animado de Seúl. No es París pero mientras tienes a alguien a quien amar, cualquier ciudad puede llamarse la ciudad del amor.

NOTA DE LA AUTORA: !Qué difícil es encontrar amigos en una nueva ciudad, adaptarse a una nueva cultura y empezar un nuevo trabajo! ¿alguna vez les ha pasado lo mismo? ^^
Por otra parte, me parece que tengo que explicar un montón de cosas en este capítulo:

Osam Bulgogi: es calamar con cerdo salteado

Odeng: Pastel de pescado o embutido de pescado.

Kimchi: Col fermentada


Samgyeopsal: Rebanadas de carne aliñada y a la parrilla la cual se envuelve en una hoja de lechuga.



Tteokbokki: Pasta de arroz, carne, huevos, condimentos y salsa picante.




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