sábado, 31 de mayo de 2014

UNA MANCHA DE CAFÉ



Viernes. Viernes por la noche. Viernes dinámico, romántico, relajado. Diana llega al restaurante sobre la torre de Nansam. Tiene un vestido negro, strapple que acentúa sus curvas latinas y su cabello suelto que cae en cascada sobre sus hombros. El lugar está lleno de gente con clase y la vista de la ciudad es maravillosa. Mira a través de las mesas y lo ve allí, sentado, mirando algo en su celular para pasar el tiempo. Ella se le acerca un poco nerviosa. Él la ve y le sonríe. Apaga su celular y lo deja a un lado, se levanta y le da un beso en la mejilla.

 - ¿has esperado mucho tiempo?
 - Cinco minutos – responde él.

Esta elegante, con un chaleco negro sobre una camisa blanca. A leguas se ve que le va bien – estas hermosa- le dice Diana sonríe. No puede imaginar algo mejor. Ver a su novio de tantos años delante de ella y tan guapo… Coge la carta y la mira de arriba abajo. El camarero se acerca y Miguel pide vino tinto junto con dos platos de pastas.

 - Todavía no me acostumbro a que estés aquí – le dice de repente
 - ¿Qué quieres decir con el “no me acostumbro”?
 - Hace un año que no nos vemos. Estaba enseñado a tus llamadas telefónicas

Ella sonríe.

- Te seguiré llamando aquí. ¡Y mejor aún! ¡Nos podemos ver!
- No tenías que hacer esto por mí.
- ¿qué cosa?
- Venir aquí, a Corea. Conseguirte un trabajo y dejarlo todo…
- No lo hice sólo por ti, también quería cambiar de ambiente.

 El camarero llega y sirve el vino.

 - ¿Cómo va tu trabajo? – le pregunta Diana
 - Bien. Ahora estamos en un proyecto con China. Queremos expandir el mercado y China está abriendo sus puertas.

 Diana lo detalla. Sus cejas tupidas, su barba no muy larga, ojos cafés, dientes blancos, estilo, mucho estilo. No era extraño que lo eligieran para representar a una prestigiosa compañía. Como buen colombiano sabe cómo hablar, se expresa, mueve sus manos con elegancia y sus ojos poseen ese brillo que encanta. De nuevo, hablan de sus sueños, él sonríe y le dice que se alegra tener a alguien con quien hablar en español y que la extraña y que la desea. Diana se sonroja y vuelve a creer en esa esperanza del amor que hace algunos días comenzaba a olvidar. Cenan. Hablan. Sus ojos se encuentran. Besos y más besos en medio de tantos espectadores que los observan extrañados. Salen del restaurante y caminan a lo largo del río Han iluminado por un puente lleno de colores. Algunas parejas caminan llevados por el amor, como ellos. Se sientan, hablan y se ríen recordando viejos tiempos. Él va al departamento de Diana y se dejan embriagar de amor y ella se siente feliz, plena. Se besan, dos bocas perdidas se resbalan, se encuentran, no se detienen, porque se aman y siguen, siguen así hasta que la noche se vuelve una espectadora más. Diana está decidida, hambrienta, divertida. Atrae a Miguel hacia sí ávida de deseo, su boca se entreabre exhalando leves quejidos de pasión. Y se deja ir dejándose conquistar por Miguel que conoce más su cuerpo que ella misma y continúan así, consumiéndose el tiempo que se vuelve una aliada y desgastando sus corazones sin saberlo. Más tarde, Miguel se levanta y se viste. Diana lo ve recogiendo sus cosas esparcidas por el suelo.

 - ¿te vas tan pronto?
- Si, mañana tengo una reunión muy importante con los chinos y no quiero que me vean trasnochado – dice Miguel mientras se abrocha el pantalón.
 - Y… te vas así no más
 - No te preocupes que estaré contigo en muy poco tiempo.

 Diana no sabe si sentirse tonta o desgraciada. ¿ha estado con un tipo como éste durante seis años?. A pesar de que quiere creer en sus palabras aún hay tan algo vacío en sus respuestas que no puede sino percibir la “presencia” de algo más.

 - ¿Y cuándo nos vemos? 
- No lo sé cariño. Tengo una agenda muy ocupada pero te estaré contactando.

 Diana no lemdice nada y lo mira fulminante. Miguel le da un beso pero ella no le corresponde. “Adiós”, le dice y la puerta se cierra a los poco minutos. Ella se recuesta cubriendo sus ojos con el brazo. Sus palabras suenan tan inciertas como las del chico que predice el clima. Aun cuando estuvieran en la misma ciudad, él no tiene tiempo para ella. Otra vez, semanas de agonía sin tener noticias de él y citas clandestinas como dos adolescentes que temen ser descubiertos.

Es interesante ver como la presencia de una persona puede desolar aún la casa más estrecha. Después de que Miguel se fue, Diana sólo pudo escuchar el sonido de los carros en la vía y sentir la compañía del silencio. Quería quedarse allí y dormir hasta que el hambre la moviera. El tiempo fue pasando despacio como siempre hace cuando alguien se siente solo. Los ojos comienzan a humedecérsele pero intenta contener las lágrimas que intentas escapar. No hay por qué llorar. Eso la haría sentirse más débil, más sola. Se levanta y va a la cocina por un poco de soda, pero no hay nada. Ha olvidado comprar algunos víveres y decide salir a la calle. Diana camina por el callejón, suspirando, pensando, pero las ideas parecen escapársele. A lo lejos ve un dispensador de gaseosa. Tantas marcas: sprite, coca-cola,fanta, algunas no las reconoce. Mira una por una. No sabe cuál elegir. Ya estresada se decide por una coca cola. Mete las monedas en la ranura. Clinc. Funciona. Ella aprieta el botón y la lata de coca cola cae en la bandeja. Pero antes de que ella pudiera recogerla, otra mano se adelanta. A su lado, un muchacho alto, blanco, con el cabello de un tono rojizo, perfil perfecto. Y ese aroma, el aroma a lluvia y limón. Ella lo queda mirando atónita y no puede creerlo. El chico ha abierto la lata y ahora la bebe a grandes tragos, con desenvoltura, como si sólo estuviera ejerciendo un papel para algún comercial de coca cola.

 - ¡Oye!... ¡Tú… como te llames! ¿qué estás haciendo? ¿estás loco? – le grita en español con una cara atónita.

 El chico termina de beber la soda. Y se acerca hacia ella caminando lentamente hasta acorralarla contra la máquina. Ella lo mira, ahora luce distinto a aquella vez. Lleva una camisa morada oscura con algunos botones abiertos dejando ver un pecho bien torneado, unos pantalones negros y en su oreja uno pendiente de chrome hearts. El chico la mira fijamente como si detallara el cuadro de una galería. Diana también lo mira a los ojos y siente que su mirada es extraña. Los ojos de él son tan profundos como el mar pero carentes por completo de expresión. Temerosa de hundirse en ellos, desvía su mirada y se echa a un lado, lejos de él.

 - ¿Qué quieres? – le dice
 - Que me pagues lo que me debes
- ¡¿Qué?! – Diana no lo puede creer - ¿por qué me dices eso? No te debo nada.
- ¿no lo recuerdas?

 Diana lo observa un minuto y trata de recordar pero no hay archivos en su memoria.

 - ¿estás cobrándome tu ayuda el otro día? – le responde finalmente

El chico la mira exasperado y da un hondo suspiro. A sus pies, se encuentra una maleta deportiva. El chico le entrega la lata vacía, se agacha y la abre. De su interior saca una camisa blanca escolar con una gran mancha de café y se la enseña. Diana lo entiende todo. La persona con la que ha chocado aquella mañana ¡ha sido él! Se siente avergonzada. De todas las personas del mundo ¿por qué tuvo que ser él?

 - Ah… lo siento… - le dice – aún así, ¿no pudiste pedirme el dinero para la lavandería?
 - Tuve muchos problemas aquél día por esa mancha. El pago de la lavandería no es suficiente para mí.

Diana se siente un poco culpable e irritada al mismo tiempo. Juega un poco con la lata vacía entre sus manos. El chico agarra la maleta y la observa fijamente.

 - De ahora en adelante, camine con cuidado – le dice el chico y sigue su camino.

 Diana lo observa alejarse. ¿qué fue eso? ¿acaso está loco? Estripa la lata con fuerza y la arroja al pote de la basura. ¿por qué esta noche parece que todos me vencen? Primero Miguel, y luego, ese estúpido y sensual desquiciado.


 - ¿¡te ha dicho eso!?- le dice Yuri mientras almuerzan en un restaurante cerca de la oficina – es un poco extraño.

Sobre la mesa yacen algunos platos de kimchi y galbitang ya empezados.

 - Si, y creo que está loco ¿qué se cree? Y yo más tonta que fantaseaba con el como si fuera un guapo justiciero o algo así.
 - ¿es tan guapo como dices? – pregunta Yuri mientras bebe un poco de su jugo.
 - No puedes imaginarlo. Nunca he visto a alguien así aparte de los chicos que aparecen en esas revistas de moda. Es como si… se hubiera robado la belleza de todos los hombres.

 Yuri escucha con atención y se emociona tanto que se bebe todo el zumo de naranja.

 - ¿no será won bin?
 Diana la mira y se ríe.
 - ¡Qué dices! Si Won bin tiene treinta y siete. Pero si los comparara, diría que el loco es más guapo. Tiene ese aura de sensualidad de George clonney o Johnny depp.
 - Daebak … ya estoy curiosa. ¡No puedo imaginarme a alguien más guapo que él! Sin embargo, fuiste tú la que chocaste con él. No puedo imaginarme todos los problemas que tuvo…

 Diana carraspea un poco la garganta y cruza los brazos tratando de ocultar un poco su sentimiento de culpa.

 - Bueno. Ya dicen que no puedes andar por la calle comiendo porque pueden ocurrir ese tipo de accidentes. También es su culpa.

Yuri sonríe y continúa comiendo. En los últimos días, Diana se ha convertido en su amiga inseparable.

 - ¿no ha vuelto a llamar? – le pregunta Yuri
 - ¿quién?
 - Miguel
- No… siempre ha sido así. Esas típicas relaciones donde pareces estar encerrada en un laberinto sin salida. Quieres salir, no sabes cómo. Encuentras un camino y luego te pierdes. Ya estoy cansada de ese tira y trae. - ¿y qué piensas hacer? ¿regresarás a Colombia?
- No. Llegué aquí por mis propios méritos, es una oportunidad que no puedo perder. Será duro, pero tengo que olvidarlo.

 Mientras Yuri pide la cuenta, Diana piensa en la conversación. ¿Por qué no lo había pensado antes? Su vida estaba comenzando a girar en torno a él, perdiéndose en ese intrínseco laberinto… ¿pero acaso es el amor un laberinto? No, el amor no puede serlo.  Mierda. ¿Qué ha estado haciendo todo este tiempo?


 En cuanto llegan de almorzar, el jefe kim entra apurado a la oficina, se ha arreglado un poco el cabello pero no deja de verse extraño, sin embargo, eso indica un buen augurio. Reúne a todo el equipo. Todos saludan con una reverencia mientras el jefe kim agita en el aire algunos documentos.

 - Ha llegado un gran proyecto. Necesito la ayuda de todos
- ¡si, jefe! – gritan al unísono todos curiosos del nuevo proyecto
 - Pronto abrirán una gran franquicia de cafeterías en todo el país y han comenzado un concurso para ver qué empresa proporciona la mejor decoración en los puntos de ventas. Son muchos así que es un trabajo enorme y seremos los decoradores de cada una con un contrato permanente. Será una pelea dura, la franquicia ha convocado a todas las empresas posibles para concursar. ¡seremos grandes si coronamos este proyecto!

 Todos se miran entre sí entusiasmados.

 - Jefe, ¿tiene alguna propuesta para organizarnos? – pregunta Ji Hoon, el chico de cejas tupidas y cara redonda.
 - Haré lo mismo que la franquicia. Voy a dividir el equipo y van a competir por la mejor propuesta. El equipo con la propuesta ganadora irá a unas vacaciones a Jeju, con todo pago, el mejor hotel, la mejor comida acompañado por supuesto de un óptimo aumento salarial.

 Todos aplauden y algunos chocan las manos. Miradas suspicaces que se buscan y se eligen en medio de la multitud. El jefe kim nota aquellas miradas y anota:

 - Necesito toda la innovación posible. Ya he visto como algunos se buscan con la mirada. Pero la amistad no es posible en este proyecto. Se necesita cambio, mentes frescas, revolver la baraja. Voy a asignar los equipos y quiero que todos den lo mejor de sí – El jefe kim saca un pequeño sobre de su bolsillo – Aquí están los nombres de cada uno, sacaré al azar los primeros cinco y esos serán el primer equipo. – El jefe kim mete su mano dentro del sobre y saca cinco papelitos – Ahn Sujin, Kim Young Joong, Park Jiyeon, Lee Yeonkyu, Han Junho. Los otros, serán el equipo dos.

 Diana se siente aliviada. Le ha tocado con su amiga Yuri. Sin embargo siente una mirada fija sobre ella. El jefe kim la mira detenidamente y se acerca hacia ella con sus dos brazos extendidos y sus manos vueltas puños.

 - Diana. ¿sabía usted que tengo un pequeño lunar en el dedo del medio? Voy a pensar uno de los dos lugares en los que se centrará la investigación. Uno se encuentra en myeongdong y el otro, afortunadamente, se encuentra muy cerca de aquí. Si elige la mano con el lunar, no tendrá que ir tan lejos.

 Diana mira las dos manos que se extienden delante de ella. Elige la derecha. El jefe kim la mira un instante y la abre lentamente hasta tenerla completamente extendida y allí, en su dedo del medio, se encuentra el pequeño lunar. El jefe kim sonríe y Diana suspira aliviada.

 - Bien – dice el jefe kim con una sonrisa y extiende dos documentos a cada equipo – aquí están las condiciones. Espero que se pongan a trabajar lo más pronto posible.

 Todos vuelven a dar una reverencia y el jefe kim regresa a su oficina. El equipo de Diana se reúne en un salón amplio. Primero se sienta Yuri y aprovecha el tiempo para organizar su cabello corto; luego, el chico de las cejas tupidas. Diana se sienta a su lado. Al lado de Diana se sienta un chico que no ha visto antes. Es delgado, de estatura media con el cabello negro desordenado; tiene unas gafas de montura negra y un poco pasadas de moda, sus labios son delgados y la línea vertical que conecta su nariz con el labio superior, está fuertemente marcada.

 - Nice too meet you – le dice a Diana alargándole la mano.
 - Tonto, ella habla coreano.

 Hyunji, una chica elegante con el cabello largo y teñido de un café rojizo, le dice mientras se sienta a su lado. Tiene una frente ancha, una nariz pequeña y unos ojos enormes y brillantes. Diana la recordaba por haberse tomado casi todo el soju la noche anterior y andar como si nada.

 - ¿ah, si? – dice el chico de las gafas un poco apenado – Mucho gusto entonces, mi nombre es Jang Hyunjae. Siento no haber ido a tu fiesta de bienvenida la otra noche pero surgió algo entonces…
- No hay problema – le dice Diana y lo mira y piensa que es cute.
- ¿recuerdas mi nombre? es Kim Ji hoon – dice el chico de las cejas tupidas con una sonrisa
 - Claro que si – responde Diana
 - Wow es la primera vez que trabajo con una extranjera. Se siente refrescante

Yuri toma la palabra mientras guarda su espejo en su blazer.

 - Bien, el jefe kim ya lo ha dicho todo. Tenemos delante un desafío importantísimo y tenemos que ganarlo. Ya quiero tener mis vacaciones en Jeju y tengo muchas cuentas que pagar así que lo único que podemos hacer es ganar.

 Todos asienten.

 - ¿quién será el encargado en el grupo? – dice Ji Hoon cruzando los dedos sobre la mesa.
 - Que sea Hyunjae – dice Hyunji mientras se mira las uñas decoradas
 - Por mi no hay problema – dice Diana
- Por mi tampoco – dice Yuri
 - Entonces, está decidido – concluye Ji Hoon sin darle oportunidad a Hyunjae de hablar.
 - Muchas gracias – dice Hyunjae con una sonrisa tímida pero confiada y hace una pequeña reverencia desde su asiento.
 - ¡Oe, Hyunji! ¡Tus uñas están tan perfectas que me dan ganas de hacerme unas también! – le dice Ji Hoon a Hyunji que continúa viéndose las uñas.

 Ella cierra sus manos y las esconde bajo la mesa mientras lo fulmina con la mirada. Todos se ríen. El ambiente es amigable y piensan que, a lo mejor, pueden ganar. Yuri coge los documentos entregados por el jefe y los ojea rápidamente.

- Para comenzar, ¿alguien ya ha ido a la sucursal de sinsadong?

NOTA DE LA AUTORA: Me pareció divertido darle personalidad a cada personaje y no dejarlos al aire pues ellos no son muletillas de la historia y en el futuro podrían convertirse en piezas importantes y en otras historias alternas entretenidas. Hyunji es una chica bastante femenina, le gustan las joyas, sabe mucho sobre el amor y bastante orgullosa. Por otro lado, Ji Hoon es un chico muy humilde y divertido, siempre con una sonrisa en el rostro. Yuri es una chica dulce, entregada, femenina pero recatada y bastante frágil. En este sentido quise mostrar el carácter de la mayoría de las chicas coreanas. Por otro lado, Hyunjae tendrá una personalidad que ... no es lo que parece. Para los actores de este grupo de amigos, pensé en algo como:

YURI (Yoon Jin Yi)


HYUNJI (Lee Si Young)


DIANA (Martina Garcia)


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