Despierto. Estoy en mi casa en sinsadong. Mi corazón está tan descarrilado como en la pesadilla, estoy ahogado y aturdido. Me levanto y bebo un poco de agua. Corro las gruesas cortinas y abro la ventana. Mis ojos se ciegan con la luz y tomo un poco de aire fresco. Miro el reloj, 13:40. No he dormido nada. Mis ojos están tan pesados que se cierran automáticamente y decido recostarme en el sofá. He aprendido a controlarme pero los sueños siguen atormentándome. A veces me provoca darme un golpe en la cabeza y olvidarlo todo. Mi pasado, mi presente y reordenar mi futuro.
Alguien toca la puerta. ¿quién podrá ser? Estoy tan cansado que me cuesta levantarme. Tambaleándome un poco, cierro la cortina y abro la puerta. Allí está ella, la extranjera, con sus ojos color chocolate, tan abiertos como platos y su cabello desordenado atado al azar con una pinza.
- Good morning coffee girl.
Ella me escanea de arriba abajo y luego su expresión cambia como si estuviera maquinando alguna historia rara en su cabeza.
- ¿otra vez tú? ¿me estás siguiendo?
- ¿seguirte? – le respondo - ¿por qué habría de hacer algo así?
- ¿por qué no me dijiste que vivías aquí?
- si te lo hubiera dicho, me habrías visitado todos los días.
- ¡vaya! Así que eres uno de esos tarados.
Me río un poco a pesar del cansancio. Sus ojos se mueven como si pensara en algo, y de repente, su expresión se relaja como si hubiera dado en el blanco. En sus manos lleva algunos documentos y los ojea rápidamente.
- Lo siento, creo que me equivoqué ¿sabes dónde vive el casero?
- Yo soy el casero
Diana se ríe divertida pero no entiendo el motivo. En su rostro no hay ni una gota de maquillaje y su gesto irónico me parece cautivador.
- Estás bromeando
- ¿Me veo de broma?
Se pone seria de repente. Hace una pausa demasiado larga, tal vez esté pensando en el algo o espera que yo le diga algo, de todas maneras, no importa. No sé qué piensa y no quiero saberlo.
- Está bien, entiendo ¿puedes llamar a tu padre por favor?
- Vivo solo
- ¿vives solo? ¿y eres el casero? ¿no eres un estudiante todavía?
Mi cabeza da vueltas. Mi cuerpo se siente tan cansado y débil… quiero detener este juego.
- ¿vas a pagar? Estoy cansado.
- Si me enseñas tu identificación, te pago
- ¿qué? - Lo siento, pero tengo que asegurarme que no eres un estafador o algo así.
¿Estafador? Pierdo un poco la paciencia pero no quiero discutir. Entro a mi departamento y saco mi identificación de la billetera. Se la entrego.
- Kang Woo Jin – lee ella en voz alta - veintitrés años...
Suspiro exasperado y le arrebato de las manos mi identificación.
- ¿eres policía? ¿tanto interés tienes sobre mí? Por qué no mas bien, salimos los dos juntos esta noche y respondo en privado todas tus preguntas.
Diana me lanza una mirada matadora de esas que te traspasan y te destruyen por dentro. Extiende su mano y me entra el sobre con el dinero.
- Si me llego a enterar de que eres un fraude, te la verás con la policía – me amenaza
- Qué lástima, tan joven y pareces una vieja.
Ella respira profundo y frunce los labios. Su mirada aún no cambia y sin decirme nada regresa a su apartamento. No le doy importancia al asunto. No me importa su reacción, tampoco me interesan las amistades. Cierro la puerta tras de mí empujándola con el pie y regreso a mi cama tambaleándome del sueño. Mis ojos se cierran de inmediato. Sólo he dormido tres horas. Tengo miedo. Un miedo terrible de dormir. Y un nuevo sueño comienza, pero no es la pesadilla de siempre. En él, estoy corriendo alrededor de un pequeño lago en el jardín del castillo changdeok. Mi madre, distraída, toma algunas fotos a las construcciones con tejados curvos y columnas de madera pintados de rojo y verde. Trato de acercarme a ella pero tropiezo y mi rodilla choca contra el suelo de piedra. Lloro. Mi madre corre hacia mí preocupada y tras sacar un pequeño pañuelo del bolsillo, seca mi rodilla lastimada. Ella me sonríe y dejo de llorar. La brisa fría de otoño mece las ramas y los rayos del sol se filtran entre las hojas verdes y rojas, iluminando su rostro como un ángel. Poco a poco el viento se calma y los rayos de luz desaparecen, en ese instante, mi madre desaparece, y en su lugar, está aquella chica extranjera sonriéndome hermosamente mientras lleva un mechón castaño por detrás de su oreja.
Suena la alarma y me despierto alterado. No puedo recordar la última vez que tuve un sueño de ese tipo. ¿Acaso fue un sueño? ¿Por qué? … Mi mente está bloqueada. No pienso correctamente. ¿era mi madre o era ella? Esos ojos grandes y dulces… No. No. Cálmate. Las lágrimas comienzan a manar de mis ojos. Tengo frío. Respiro profundo e intento recuperar la compostura. Los músculos de mi cuerpo están distendidos. Mi cuerpo había olvidado lo que era un buen sueño. A mi lado está el sobre con el dinero. Es verdad, ella estuvo aquí hace un rato y de inmediato viene a mi mente la imagen de ella sonriéndome en el sueño. Los músculos de mi cara también están relajados. No, no es eso. Estoy sonriendo.
Suena el motor con un fuerte rugido. Los dos cilindros de mi Ducati 848 Evo color blanco, escupen un humo transparente. Acelero y salgo a toda velocidad desde el garaje de mi edificio. Primera, segunda, tercera. Mientras cruzo el puente de hannam escucho a través de mis auriculares Too Late de 2LSON y la canto a viva voz:
Tenía miedo
El anhelo se hace más grande
Aquellas épocas vuelven a ser dolorosas
Yo no sabía
Que íbamos a sufrir tanto
La única que era la luz de mi vida
Perdóname por haberte hecho sufrir.
Y tomo la avenida a lo largo del río Han pero una pequeña línea de árboles y otro extenso carril me impiden verlo. Llego a la intersección del puente de seokang y giro en una calle hacia la estación de sangsu. El paisaje se transforma. Edificios altos, calles amplias, adelanto algunos coches en doble vía. La universidad de Hongik está cada vez más cerca pero me desvío y recorro varias calles hasta detenerme en un suntuoso bar con fachada de madera a unas pocas cuadras del campus.
Jóvenes de mil colores, peinados de moda, hombres riéndose y chicas tomándose fotos haciendo gestos con sus manos para lucir su quijada más pequeña. Pero ninguna que me llame la atención. Música electrónica y hip-hop de fondo. Copas que suenan y cervezas que se destapan. Trato de abrirme paso entre la multitud y estiro un poco la cabeza en busca de mí amigo. Luces rojas y púrpuras. Algunas parejas se sientan en la barra y en las mesas de las esquinas, los grupos de amigos. Las chicas me observan y se sonrojan, conversan entre ellas y me señalan, pero soy indiferente. Alguien me llama desde algún lado. Giro la cabeza en varias direcciones hasta que una mano me toma del hombro.
- ¡no creía que vendrías hoy! – me grita un chico alto y delgado, con los pómulos un poco prominentes y el cabello largo y negro atado en una coleta. Es Tae Ho. Ese loco idiota que siempre me ha apoyado en todo lo que haga. Ese amigo casi hermano del alma. Nos sentamos en la barra y dejo el casco sobre ella
- Parece que el bar va bien, Tae Ho – le digo mientras detallo el lugar.
- ¡Claro! Sabes que soy popular en Hongik. Todos tienen que ver conmigo y los rumores sobre ti se han extendido entre las chicas. Muchas vienen aquí con la esperanza de verte, y a su vez los hombres las siguen en busca de un chance, es como círculo vicioso. Mientras sigas visitándome de vez en cuando este negocio será un éxito.
Sonrío.
- ¿no te estarás aprovechando? – le digo
- ¡No es así! ¡Es una colaboración mutua!
Tae Ho llama al barman. Pido una cerveza y él, un Gin Tonic. Tae Ho se acomoda la coleta y se sube las mangas de su camisa azul marino. Al fondo suena una canción de Daft Punk.
- Papá dice que lo visites – me dice en un tono serio. Callo por un momento y fijo la vista en la barra. El padre de Tae Ho es como un padre para mí pero en este momento… – lo siento por mi viejo ¿sabes? Creo que se preocupa más por ti que por mí.
- Entiendo
- No lo tomes a mal. Es sólo que… se siente un poco responsable.
- Lo haré – y lo miro a los ojos – lo visitaré dentro de poco. No te preocupes.
El barman llega con los tragos. Tae Ho enciende un Marlboro.
- ¿algo nuevo? – me pregunta.
- Todo es lo mismo. Ir a mi trabajo, tratar de terminar el bachillerato, dormir… - y el recuerdo de la extranjera viene a mi mente como un flashback – hace poco llegó una nueva vecina.
- ¿ah si? ¿cómo es? ¿es linda o es otra anciana como el resto del edificio?
- No, no. Es una extranjera.
- ¿de Estados unidos?
- Colombia
- Colombia… ¿qué hace ella aquí?
- No lo sé. Le ayude a llevar la maleta a su apartamento y resultó vivir en mi edificio
- ¿la ayudaste? ¿tú? Wow. Nunca haces cosas como esas. ¿te sientes bien?
- Sólo estaba un poco curioso. Realmente no sé qué me llevó a ayudarla, fue algo instintivo.
- ¿te gusta? – la pregunta Tae Ho por poco devuelve el poco de cerveza que tenía en la boca.
- ¿estás de broma? Apenas la conozco. Ya sabes que no quiero tener nada con nadie.
- Es verdad. Sólo bromeaba… Hablando de eso, Inae ha estado preguntando mucho por ti. ¿no irás a verla?
¿Inae? Mi rostro se torna serio y lo miro duramente
- Por favor, dile que no quiero verla más ¿hasta cuándo ella seguirá así?
- Ella te ama mucho
- ¿Y por eso debo amarla también? No sé cómo hacerle entender que no quiero nada con ella.
Silencio. Tae Ho cambia el tema y me habla de los asuntos del bar, de su última novia, del nuevo BMW que acaba de comprar. Reviso la hora. El tiempo se ha ido volando. Bebo el último sorbo de cerveza, tomo el casco y me despido de Tae Ho quien estrella su cigarrillo contra el cenicero. Pero antes de irme, le hago una última aclaración.
- Si vuelves a ver a Inae, por ningún motivo le digas donde vivo.
- Como quieras. ¡suerte en tu trabajo!
Salgo del bar. Miro el reloj. Son las ocho y media. Si no me doy prisa, llegaré tarde. Enciendo la Ducati y parto a todo gas de regreso a Sinsadong.
En alguna avenida no muy lejos de casa, me detengo esperando el semáforo. Y en la distancia, distingo a alguien. Una chica con un vestido blanco y el cabello trenzado camina torpemente observándose los pies. Luce cansada. Es ella, no hay duda. El semáforo cambia pero llevado por una peligrosa curiosidad, me acerco al andén y comienzo a seguirla a una baja velocidad. Diana se detiene un par de veces. Se examina los talones lastimados por sus zapatos y se da unos golpecitos en los hombros para aliviar el estrés. Está hermosa, como aquél día en que nuestras miradas se cruzaron por primera vez y sentí como ella se abrió paso dentro de mí hasta despertar fácilmente algo que me había esforzado por retener, aunque no supiera qué exactamente. Reacciono <Pero, qué estoy haciendo?







No hay comentarios:
Publicar un comentario