Mei nada por debajo del agua y emerge a poca distancia de él. El único eco en la piscina del hotel que se escucha es el de la bocanada de aire que toma antes de sumergirse de nuevo. Miguel observa las piernas de Mei moverse como sirena debajo del agua y su cabello negro y lacio meciéndose como algas al compás de sus movimientos.
- ¿aún queda vino en la botella? – le dice Mei con un excelente inglés y echándose su pelo hacia atrás.
- Ya no queda – le responde él – el último sorbo es el que tengo en esta copa.
Y le enseña la copa casi vacía que sostiene en su mano. Mei estira su mano para agarrarla pero Miguel extiende el brazo lo más alto que puede y la copa queda tan arriba que Mei no puede alcanzarla.
- ¿qué haces? – Mei se ríe e intenta saltar lo más alto que puede pero no logra cogerla - ¡vamos, dámela!
- ¿por qué te daría yo el último sorbo de vino que me queda?
- Sabes que me gusta el vino
- Y entonces…
- Sé que al final me la darás
- No se da nada gratis en la vida
- ¿qué quieres?
- ¿qué me darás?
Mei se acerca un poco más y le rodea el cuello con sus brazos. Lo mira fijamente, con malicia. Miguel se siente emocionado. Puede oler el aroma a jazmín de Mei ¡si Diana tuviera algún olor sería maravilloso! Si… las cosas serían muy distintas. Posiblemente no estaría en ese momento con Mei sino en los brazos de Diana, extasiándome en el aroma de su pecho. Sostiene a Mei por su pequeña cintura y acerca sus labios a los de ella. Un beso suave con un toque a cloro del agua. Un beso fresco. Y Miguel se siente extraño. No siente culpa. Miguel le sonríe y le entrega la copa de vino. Mei, en un solo trago, lo termina y deja la copa en el borde de la piscina.
- Como siempre, eres tan buen negociante. Eso es lo que más me gusta de ti.
- No soy tan bueno como ustedes.
- No. No. Hacer negocios con nosotros no es fácil, exigimos muchas cosas, siempre queremos ganar en casi un 90 por ciento. Somos cuidadosos y escurridizos. Pero tú… tú no paraste aquella vez en Shanghai, mi abuelo trataba de ofrecerte cantidad de cosas y tú siempre respondías. Era como ver a dos serpientes atacándose una a otra.
- ¿quién crees que va a ganar?
- Está en un empate. Ya no es una situación que se pueda medir con la fuerza o la resistencia. Ahora es quién de los dos tiene el mejor As bajo la manga – dice Mei a la vez que juega bordeando con el dedo la base de la copa.
- ¿estarás de mi lado?
Mei no responde. Avanza hacia él mirándolo directo a los ojos y lo besa de nuevo.
- Esa lucha no depende de mí – le dice
Miguel, como siempre, no puede delatar nada en los ojos almendrados de Mei. En su mirada no hay expresiones, como si su pupila fuera una réplica del muro de Berlín. Lo que hay detrás es un completo enigma ¿será aliada? ¿será enemiga?. No hay información, datos insuficientes. Mei, sale del agua y camina hacia la silla donde hay dos toallas dobladas y unas batas de baño. Miguel la mira marcharse sin hacer ningún movimiento. Desde lejos, Mei parece la actriz de “el tigre y el Dragón”, pero más altiva, más orgullosa. Mei, aunque no sea la belleza mundial de China, posee algo cautivador y embriagante. Una vez que la conoces, no puedes dejar de verla. Miguel no puede saber exactamente qué siente por ella. Fijación, lujuria, alguna extraña magia china, pero cuando está con ella, Diana parece desaparecer de su mente hasta no ser más que un espejismo o un recuerdo muy lejano.
Mei desaparece en el pasillo que conduce a los vestidores y de repente, como la llave del grifo, su verdadero yo sale a flote. ¿o será su falso yo el que corre? Miguel sale de la piscina y seca su cuerpo con la toalla. Su reloj, está a un lado. 9:00 pm. El aroma de Mei se ha impregnado en su cuerpo. Y en ese momento se siente realmente culpable. ¿pero acaso él es el culpable? La relación con Diana se había tornado monótona. Ya no había nada que descubrir el uno del otro, son casi como familia. Y hace dos años no se veían. Miguel recoge el reloj y se dirige a los vestidores. No hay rastro de Mei. Una llamada entra a su móvil
- ¿todavía sigues nadando?
- No. Estoy cambiándome. ¿ya saliste?
- Estoy en la habitación. Me ha llegado un mail. Parece que mi hermano ha llegado de improviso al hotel ¿podríamos dejar la cena para otro día? Seré buena contigo
- Claro.
- ¿estás molesto?
- No. No. Sólo estoy un poco cansado.
Mei cuelga. A la salida, la piscina parece ser más grande y el aire más frío. Así es la personalidad de Mei, como un agujero negro que lo atrae todo, distorsionándolo a su manera. Miguel sale del hotel y coge un taxi. Aunque tiene una mortal atracción hacia Mei, aún no puede confiar en ella. Para Miguel, la vida es como los negocios, no puedes dejar ir una propuesta para tomar otra. Hay que mantener los dos mangos de la olla en ambas manos y batirlos al mismo tiempo y sólo una de ellas tendrá la mejor cocción.
- ¿a dónde se dirige? – le pregunta el taxista
- La torre de Nansam por favor.
NOTAS DE LA AUTORA: Se me había ocurrido que los posibles actores para Miguel y Mei son Manolo Cardona y Ziyi Zhang. ¿ustedes serían capaces de mantener una relación a larga distancia?



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