sábado, 31 de mayo de 2014

COMO AGUA Y FUEGO

9:30am. El celular vibra sobre la mesita de noche. Diana pone la almohada sobre su cabeza y se estira como estrella de mar sobre la cama.

 [Hola Diana. Soy yo, Hyunjae. Recuerda que hoy nos reuniremos en la estación de Gangnam a las 10:30. Nos vemos] 

9:50am. El celular vibra y se desliza hasta el borde de la mesita de noche. Diana se gira y se enrolla en las cobijas, se rasca una pierna y abraza la almohada.

 [Hola Diana, de nuevo soy yo. Me ha surgido algo ¿podemos vernos un poco más tarde? Te espero a la doce en el mismo lugar] 

 Los rayos del sol se hacen más fuertes e iluminan toda la habitación. El calor comienza a concentrarse y Diana se despierta un poco acalorada. Se sienta en la cama y se queda dormida. Abre los ojos de nuevo y mira el reloj 10:20am ¡Mierda! El sueño se ha ido, se abalanza sobre el celular pero éste se cae y resbala debajo de la cama. En la pantalla aparecen dos mensajes nuevos. ¡Dios bendiga al que lo atrasó! Soy una tonta. Diana se levanta y elige la ropa del día. Ha quedado con Hyunjae para mirar las cafeterías más importantes en Gangnam. “otro fin de semana gastado en trabajo” piensa. En el baño, las cosas son distintas. Diana todavía no se acostumbra a bañarse con una ducha de mano pegada al lavabo y mojar cada rincón del mismo. Extraña las duchas separadas por cortinas o alguna puerta corrediza y el piso seco al salir. Mientras Diana se depila las piernas, sentada en la taza del váter, el celular suena de repente.

 - ¿aló?
 - ¡Diana Mejía Restrepo!
 - ¿mamá?
 - ¡hasta que por fin contestás! ¿tengo que llamarte para saber algo de vos?
 - cálmate mamá. Estoy bien. Estoy depilándome las piernas ahora – le dice Diana sosteniendo el celular con el hombro y la cabeza, mientras que con una mano sostiene la cuchilla de afeitar y la otra la ducha de mano. - Ya estoy más tranquila ¿cómo está el trabajo? ¿te está yendo bien? ¿te tratan bien?
 - Me está yendo bien. Ahora voy a reunirme con un compañero para trabajar. 
- ¿a trabajar? ¿un domingo?
 - Aquí las cosas son muy distintas.

Diana deja la cuchilla sobre el lavabo y busca el jabón ¿dónde lo habré dejado? Su madre habla algo inentendible en la otra línea, parece estar muy emocionada.

 - ¿me estás escuchando? – le dice ella - claro, claro.

Dame un momento. ¿dónde deje esa cosa? Diana se levanta de la taza de baño y trata de buscarlo por todas partes. El agua que corre de la ducha ahora está inundando todo. Su madre sigue hablando de algo, pero no sabe de qué. Será mejor si cierro la llave ahora. Y en ese paso, como si definiera su vida, Diana pisa el jabón, el celular se le resbala de las manos, su mano busca algo en qué sostenerse, agarra algo, lo hala. Lanza un alarido. Te quiero mamá, piensa fugazmente. Su espalda se estrella contra el váter. Mierda. Abre los ojos. En su mano se encuentra la manguera y en el lavabo, el agua sale a chorros sin detenerse. La voz de su madre se escucha desde el teléfono. Diana lo coge mientras trata de detener el agua que sale con la otra mano.



 - Diana, Diana ¡¿qué pasó?! – grita - Mamá estoy bien. No pasa nada, hablamos más tarde. Chao, chao. 

Cuelga. ¿y ahora qué? Diana sale del baño sin saber qué hacer, da un par de vueltas incoherentes. El baño comienza a inundarse poco a poco. Y sin pensarlo, se ata bien la toalla sobre su pecho y sale corriendo. Timbra repetidamente en el apartamento de Woo Jin, pero no hay respuesta. Y antes de regresar a su casa, Woo Jin abre la puerta, su rostro serio, sin ninguna expresión, como siempre.

 - Wegug-in ¿por qué tanto alboroto?
 - Yo estaba hablando por celular y estaba buscando el jabón y luego me caí y se rompió la ducha y ahora se está inundando todo.

 Woo Jin la mira allí, mojada como perrito callejero, aferrada a la puerta y con cara de tragedia como si temiera que se la cerrara a portazos, ni siquiera lleva zapatos. Pero ella no parece darse cuenta de la situación y de repente, lo arrastra de la mano hacia su casa.

 - ¡pero no te quedes ahí parado! ¡Vamos apúrate que se me va a inundar la casa!

 El agua comienza a salirse del baño hasta la sala donde ya empieza a formarse un gran charco. Woo Jin observa todo con atención y regresa a su casa rápidamente trayendo luego consigo una caja llena de herramientas. Saca una llave y comienza a trabajar mientras Diana seca la sala con una trapera. Pronto, el agua deja de salir pero ahora él también se encuentra emparamado. Su camisa esqueleto ahora está pegada a su cuerpo como chicle y el agua escurre de su pantalón.

 - Ya está. Pero tendrás que comprar una ducha nueva y algunos repuestos.
 - ¡Muchas gracias! – le dice Diana con su cara llena de felicidad.
 Woo Jin suspira.
 - ¡Vaya lío que has hecho! El baño roto y sales a tocar a mi casa casi desnuda con la cara hecha una tragedia.

 En ese instante Diana cae en cuenta y se mira. Arroja el trapero lejos y se cubre los pechos con los brazos. ¡Qué vergüenza! Woo Jin la detalla de inmediato. Su piel blanca y aterciopelada, sus piernas lisas y sus brazos delgados y delicados. Sonríe malicioso.

 - ¡Qué miras! ¡No me mires así, canalla, cerdo, bastardo! – le grita Diana
 - ¡Qué dices! ¿qué he hecho de malo? No te he pedido que salgas así en frente mío.

 Diana lo mira de reojo y lentamente, sin quitarle la mirada de encima, se dirige a su cuarto a cambiarse. En el camino, Woo Jin nota un moretón en la espalda de Diana y la agarra del brazo atrayéndola hacia sí

 - ¿qué haces?
 - Te has herido.

 La cara de Woo Jin se torna aún más seria. Diana trata de mirarse el daño inútilmente y luego devuelve su vista hacia él.

- ¿qué sucede? ¿qué tengo?
 - ¿Tienes algún botiquín?
- Claro
 - Tráelo.
- ¿es en serio que me he lastimado? No siento nada.
 - Bueno, si no me crees, me voy.
 - No, espera
- ¿entonces?

 Diana hace tripas corazón y saca el botiquín del armario y luego se sienta en su cama dándole la espalda a Woo Jin. Su corazón late rápidamente ¿puede confiar en él? ¿en un loco extraño?

 - Si no te bajas la toalla, no podré curarte. 
- ¿bajarme la toalla?
 - ¿y cómo piensas que voy a hacerlo?

 Diana se desata la toalla, cubriéndose con los brazos, la parte delantera. Su espalda queda descubierta. Una espalda delicada y blanca. En la habitación reina un ambiente expectante. A Diana le da la impresión de que casi puede escuchar la saliva que baja pesadamente por su garganta y su corazón que late rápidamente. Woo Jin toma un algodón lleno de alcohol y lo pasa por el raspón de su espalda. Su cuerpo tiembla un poco por el dolor.

 - ¿todavía falta mucho? – le dice ella entre adolorida y nerviosa
- Ya casi he acabado, pero ¡no te des la vuelta!

Diana se muerde el labio inferior y agacha la mirada. No quiere que él vea su cara roja de la vergüenza.

 - Ya está. Ve al doctor para que te examine.

 Woo Jin se levanta y bota en el basurero los restos de algodones sucios. Diana aprovecha y se acomoda la toalla.

 - Muchas gracias – le dice tímidamente

 Woo Jin la mira. Está tan roja como un tomate. Así que la enojona también tiene ese lado, piensa.

 - Parece que te estoy salvando mucho últimamente. Espero que no se vuelva costumbre.
 - ¿qué dices? Como quieras, no volveré a pedirte que me ayudes.

 Woo Jin se levanta de la cama y trata de despegarse la ropa mojada. Diana se enrojece más al detallar su dorso esculpido, sus brazos fuertes, sus piernas torneadas... Soy una cerda, es la verdad. Pero también es pecado no mirarlo.

 - Como sea, limpia todo este desorden y procura arreglar el lavabo lo más pronto posible – le dice Woo Jin. Diana despabila.
 - ¿ah? Claro.

 En cuanto Woo Jin sale del apartamento, un silencio abrumador cubre todo de repente. Diana siente como los minutos parecen correr más lentamente y cómo el aire se torna más denso. Poco a poco, todo regresa a la normalidad y lo único que queda flotando en el aire, es el perfume de una nostálgica primavera y la presencia de una triste amargura. ¿Por qué me siento de esta manera?



 Con todo y daño en la ducha, Diana consigue llegar a tiempo a su cita. Espera a Hyunjae bajo la cúpula de vidrio en la entrada de la estación Gangnam. El sector, a diferencia de Garosugil, está abarrotado de edificios gigantescos que alcanzan a cubrir el sol. Las calles están llenas de carros y los andenes de personas que pasan a toda prisa de un lado a otro. Algunas chicas pasan cargando sus bolsas de compras y otras, pasan con sus novios vestidos de la misma manera. Unos cinco chicos disfrazados de botellas de alguna marca de soju, invitan a la gente a participar en algún juego. Una señora de edad se anima aunque se nota un poco apenada. Parece que el juego consiste en meter la mano en una pequeña caja verde que lleva uno de los chicos, si saca una pelota amarilla, la persona se lleva dos botellas de soju gratis. La mujer ingresa su mano dentro de la caja y saca la pelota ganadora, los otros chicos la aplauden y ella sigue su camino, pero esta vez, con dos botellas de soju gratis. Otras dos personas deciden participar y corren la misma suerte y, de repente, a Diana le entran ganas de participar también. Mira hacia los lados buscando inútilmente entre ese mar de personas a Hyunjae, pero no logra distinguirlo por ninguna parte.

 En ese mismo instante, un joven aparece detrás de una cariñosa pareja que se desvía hacia una pequeña cafetería. Mueve su mano de un lado a otro con su mirada fija en Diana, sin embargo, ella no siente haberlo visto antes. Lleva unos blue jeans azules oscuros desteñidos, una camisa vino tinto abierta hasta la mitad del pecho y una camisilla blanca debajo de esta. Las mangas está dobladas hasta los codos dejando entrever unos antebrazos fuertes. Su cabello está un poco ondulado y desordenado y en su cuello, cuelga una cadena de plata en forma de cruz. Diana mira hacia atrás pensando que a lo mejor se ha equivocado, sin embargo, el chico se detiene en frente de ella con una amplia sonrisa. Dos hoyuelos se le forman a lado y lado de sus mejillas.

 - ¡Hola! – le dijo alegre – perdón por llegar tarde. Tuve un compromiso. No estás enojada ¿verdad?

 Diana lo mira fijamente. Esa sonrisa tan dulce, ese cabello desordenado, esos labios fuertemente delineados… ¿Hyunjae? ¡Es imposible que sea él! Luce tan diferente… Un grupo de chicas salen de la estación y se detienen para observarlo embelesadas. Hyunjae las mira y se siente un poco incómodo.

 - ¿quieres que vayamos a alguna cafetería? Hay que empezar a trabajar.
 - Claro – le responde Diana aún sin poderlo creer.

En el camino ella se pregunta si todos en la oficina conocen su verdadera apariencia o si todos serían capaces de distinguirlo. Diana nunca se había imaginado que debajo de ese holgado traje de oficina que lleva todos los días y detrás de esas gafas grandes y gruesas, se ocultara un chico tan atractivo.

 - ¿pasa algo? – le pregunta Hyunjae
- No, nada. Creo que me siento un poco rara ahora que no están los otros compañeros.
 - ¡ah! – exclama él con emoción y se ríe – ahora que lo pienso parece que estamos en una cita ¿no?
 - Un poco.

 Hyunjae sonríe, Diana lo sigue.

 - Entonces, tengamos la mejor cita de trabajo el día de hoy
- ¿qué?

Pero Hyunjae agarra su mano de repente y comienza a correr en una dirección desconocida para ella.

 - ¿por qué estamos corriendo? ¿a dónde vamos?
 - Si no nos damos prisa, no alcanzaremos a hacer nada.

Y Hyunjae sigue corriendo sin descanso por entre las calles atestadas de gente. Alcanza a esquivar una moto que corre por la acera y de vez en cuando, mira hacia atrás para corroborar el estado de Diana. Ella lo mira, se siente agitada pero está feliz. La mano de Hyunjae es realmente cálida y fuerte. Los edificios pasan fugazmente por sus ojos y parecen flotar en el cálido azul del cielo. El viento fresco acaricia su rosto y los rayos del sol, que aparecen intermitentes entre las líneas divisorias de un edificio y otro, la enceguecen por un instante. Extrañamente no se siente agotada, sus pies corren como si estuvieran acostumbrados a ello y pronto, se deja llevar lentamente por el ritmo de sus pies, por el ritmo de lo inesperado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario